Las cartas · · 5 min

Lo global, lo local y lo íntimo: mi búsqueda de equilibrio

Hola,

En estos últimos mensajes te he ido contando un poco sobre mi camino, y hoy quiero hablarte de algo más personal. Durante los últimos dos años, con una intensidad que ha ido creciendo, me he preguntado mucho qué es lo que realmente me hace feliz. Y no solo eso: también he estado explorando la diferencia entre la felicidad a largo plazo y el placer inmediato, el disfrute del momento presente, esa sensación a veces efímera pero profundamente significativa de sentirse vivo aquí y ahora.

Me he dado cuenta de que, viniendo de una dinámica muy centrada en el trabajo, en la productividad y en proyectarme siempre hacia un futuro de logros y resultados, necesitaba detenerme. Era urgente preguntarme qué cosas me dan placer en el presente, en lo pequeño y cotidiano. No todo tiene que ser útil, productivo o transformarse en un nuevo proyecto. A veces, simplemente disfrutar del momento, sin esperar nada más a cambio, es lo que realmente importa. Este cambio de mirada me ha permitido darme cuenta de cuánto había olvidado cuidar espacios de disfrute sencillo, como cocinar para alguien que quiero, bailar cuando no lo esperaba, o simplemente conversar sin prisa.

Este proceso ha sido muy revelador. Por ejemplo, mientras trabajaba en proyectos europeos y creaba espacios como mi coworking, descubrí lo importante que es equilibrar lo global con lo local, y separar lo profesional de lo personal. Ahora ya no trabajo en casa, y ese gesto aparentemente pequeño ha cambiado por completo mi manera de vivir el día a día. Me ha dado un ritmo distinto, más saludable, y sobre todo me ha permitido abrirme de otra manera a la vida de barrio, a los encuentros, a esa sensación de pertenecer a un lugar.

En este nuevo equilibrio también se ha hecho muy clara mi necesidad de sentir que lo que hago me enriquece y me estimula. Necesito que el trabajo me alimente, que me provoque preguntas, que me conecte con personas y experiencias que despierten mi curiosidad. Y al mismo tiempo, necesito que esos estímulos tengan una cierta agilidad de movimiento, que no me aten, que puedan fluir y transformarse cuando lo requiera. Este es un aprendizaje nuevo: darme cuenta de que el equilibrio solo cobra verdadero sentido y fuerza cuando tengo clara la importancia de profundizar y sostener un lugar, un espacio, un contexto y un proyecto. No se trata de huir de la estabilidad, sino de construirla de un modo que no anule el movimiento, que permita crecer, profundizar y a la vez explorar.

Además, como te comenté en mi último mensaje sobre el manifiesto de inteligencia artificial (si se te ha pasado te invito a leerla), este viaje personal también me ha llevado a replantear cómo integrar la tecnología en mi vida de una forma más humana y equilibrada. La IA, con todo su potencial, me ha obligado a preguntarme qué quiero preservar como humano: qué prácticas, qué relaciones, qué placeres. He encontrado una manera de aprovechar las oportunidades que ofrece la tecnología sin dejar que desplace lo esencial: la conversación auténtica, el cuidado de los vínculos, la construcción paciente de proyectos con sentido.

Muy pronto quiero compartir contigo algunas de las reorganizaciones y nuevos proyectos que estoy preparando desde este nuevo enfoque. Estoy deseando mostrarte cómo toda esta evolución se traduce en acciones concretas y, sobre todo, en un disfrute más genuino de la vida. Quiero que lo veas no como un listado de actividades, sino como el reflejo de un cambio más profundo en la manera en que me relaciono con mi tiempo, con mis energías y con las personas que me rodean.

De hecho, una de las formas más claras en las que estoy redescubriendo este equilibrio es a través de la enseñanza. Me he dado cuenta de que tengo una fuerte voluntad de volver a dar clases, de abrir espacios de transmisión y de aprendizaje compartido. He estado pensando en una variedad de temas sobre los que podría enseñar: desde el urbanismo ciudadano hasta el diseño cívico, pasando por formaciones dirigidas a equipos y profesionales que quieran explorar nuevas formas de trabajar juntos. La enseñanza me enriquece porque me obliga a ordenar ideas, a escuchar otras voces, a traducir experiencias en aprendizajes colectivos. Y creo que hoy, más que nunca, tengo la energía y la claridad necesarias para hacerlo desde un lugar honesto.

Así que, si conoces algún curso, alguna formación, o directamente te gustaría invitarme a dar una clase o un taller, estaré más que encantado de hacerlo. Para mí será un placer, pero también una manera de seguir sosteniendo este intercambio del que formamos parte juntos. Porque al final, este camino de búsqueda, equilibrio y disfrute no tendría sentido sin el diálogo con quienes me acompañáis en él.

Me encantaría saber de ti:

¿has vivido alguna vez una evolución personal y profesional que, al mismo tiempo que te abría a cosas nuevas, te hacía también revalorizar y reorganizar con un sentido distinto lo que ya llevabas haciendo años? A veces puede parecer que volvemos a lo mismo, pero en realidad es esa conciencia clara y renovada la que activa una visión más rica y equilibrada. Si quieres, comparte tu experiencia conmigo, será un placer leerte.

Te mando un abrazo,

Domenico

P.D.: Si te interesa profundizar en el tema del diseño cívico, te invito a suscribirte a mi newsletter dedicada exclusivamente al DIseño Cívico unique-pioneer-4714.kit.com/68131456b5. Allí iré compartiendo contenidos más específicos que no aparecen en esta newsletter.

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